El tío miseria

El tío miseria

 EL TÍO MISERIA

                                               Por Israel Montalvo

 

El tío miseria llevaba un tiempo en esa Babel, no recordaba cómo había terminado ahí, aunque estaba seguro de que no lo había hecho en vida. Recordaba vagamente sus andanzas en su otra existencia, antes de la muerte, donde se dedicaba a recorrer los parques y las escuelas con un enorme abrigo a mediados del verano, en ese felpudo y voluminoso abrigo resguardaba su pena, la que compartía a la menor provocación, abriendo su abrigo y mostrando su miseria marchita de unos cuantos centímetros, él, era una advertencia, un grito desesperado que nadie pudo comprender, y es que ese drama, para las nuevas vertientes de una cultura desechable se convirtió en un símbolo de sus tiempos, uno que incluso con el tiempo hizo que todo desesperado en las vías del amor deseará tocar esa miseria marchita, acariciarla, para que les diera buena fortuna. La miseria nunca lograba despuntar, ni endurecer. Lo que originó el mito de quién logrará despertarla de esa calma perpetua, convertirla en un firme tótem, se ganaría el favor en el amor eternamente. Sólo los desesperados intentaron en vano lograr el alzamiento, hombres y mujeres casi deformes en su fealdad, solterones perdidos en la más  absoluta desesperación carnal, fueron aquellos que se atrevieron a todo por lograr la suerte en el amor, pero fue una mujer con cara de mono y ojos saltones que iba más allá de las tallas extra, extra, grandes, quien lo llevó a su desgracia. En su desesperanza por conseguir su favor, le dio un mordisco a la miseria marchita.

            Y así, el tío miseria se desangró en lo profundo del bosque, en un parpadeo despertó en esa Babel que lo acogió, ahí nadie lo consideraba una bendición, sólo era otro remedo más. Cada martes iba a AA (Aceptación Anónima), “¡Acéptalo, Has muerto!”, era el lema del grupo, pero el tío miseria nunca tuvo problemas con aceptarlo, se sentía tan vivo en esa muerte, su piel había mutado, ahora era un reptiloide, tan semejante a los que cazaban los ufólogos, aunque seguía poseyendo una miseria entre sus piernas, ese era el único rastro que había traído de esa existencia gris, pero su nueva forma le dio habilidades que lo hicieron triunfar en aquello en lo que nunca pudo, era la lengua bífida más larga que se hundía en una entrepierna, las féminas descarnadas y mutiladas lo solicitaban cada noche, se peleaban por él después de cada reunión de AA, pero lo bueno no dura para siempre, y es así como llegamos a la caída y a la desafortunada resurrección de la miseria, y es que un grupo devoto de ese santo que fue en vida decidió traerlo a su mundo sin una consulta previa, e imitando el proceso de resurrección de un Lázaro standard, lo sepultaron en  una cueva y al tercer día fueron a su encuentro, más no se encontraron con el santo invocado, en su lugar estaba aquel demonio lengua larga con el abrigo abierto y la miseria expuesta, marchita y minúscula.

Los desesperados acogieron a la nueva encarnación, sin reservas bajo el concepto karmico “es lo que hay”, pero el tío miseria no venía a conceder el favor en el amor, esta vez, deseaba actuar como era en esa otra vida y ser un gigolo de ultratumba, por lo que buscó trabajo en la farándula, se anunciaba bajo el verídico lema “murió en la muerte para llegar ante ustedes”, y es que esa contradicción era su epitafio, había muerto en aquella muerte para caer en el limbo de la vida, en ese caos que era cada hombre y cada mujer. Allá era un demonio jocoso, sin preocupaciones ni prejuicios, le daba igual si estaban deformes, mutiladas o descarnadas, ahí su lengua era la más rápida al chupar una entrepierna, y en esa vida que era la vida, sólo pudo conseguir trabajo como hombre lagartija en un circo de horrores de medio pelo. Se había vuelto a enfundar en la desesperación del día a día, en lo burdo de la interacción humana, debes en cuando aparecía algún devoto en busca de su miseria, y en esos momentos,  añoraba morir para volver a sentirse vivo en aquella muerte.

Israel Montalvo

Es un trazador de pesadillas, las cuales ha manifestado en diversos medios artísticos como la pintura, la música, el arte secuencial y la narrativa. Aborda temáticas como el horror, la metaficción, y la condición humana. Israel como pintor ha participado en diversas exposiciones colectivas e individuales en México Es promotor cultural en Nayarit y Jalisco. Cómo escritor e ilustrador ha publicado en diversas revistas literarias, cómics y libros en México, España, E.U., Uruguay y Argentina. Fue miembro del consejo editorial de la revista literaria Herética (2012–2015). Ha publicado: Novela gráfica Momentos en el tiempo (Altres Costa–Amic Editores, 2016) ¿Podría ser un asesino? (Mono ebrio, 2018), y el cómic I’m fraid of americans (publicación independiente), La villa de los Azotes (La tinta del silencio, 2019). Participó en las antologías: Mar Crepuscular (Dreamers, 2018), Líneas de cambio (Solaris, 2018), Resurrection Party Day (Vaulderie, 2019), Líneas de Cambio – Antología de fantasía heroica hispanoamericana (Solaris, 2019) e ilustró la novela pulp Marciano Reyes y la cruzada de Venus (Historias Pulp, 2018).

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