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Concurso de sueños mexicanos

  • Autor: Fernando Salas
  • Colección: Bocanada, número 23
  • Año: 2022, Ciudad de México
  • Páginas: 56 pp.
  • Formato: Plaquette
  • Género: Cuento

$120.00

Concurso de sueños mexicanos

Fernando Salas

Concurso de sueños mexicanos es un viaje por los recovecos del México contemporáneo a través de los ojos de personajes de distintos estratos sociales. Con un cálido sentido del humor, esta colección de cuentos post-rulfianos le harán reflexionar sobre temas del México actual.

Nuestro Señor El Desheredado

Una noche con estrellas, Israel volvía desempleado, en deudas y más bien deprimido, al seno familiar. Llegaba con las ganas de abrazar a su padre y decirle “tenías razón”; estaba dispuesto a ver a los ojos a su madre e implorar perdón. Pero de hace dos años que no era momento para retornar a casa. Alfredo, su padre, acababa de ser abandonado por su señora, y ahora el único mensaje que tenía para su hijo era que no volviera más; que ya estaba desheredado.

Alfredo dio la media vuelta, para dar a entender que la plática estaba terminada; sin embargo, sufrió un penoso percance en el tobillo y su cabeza terminó azotando contra la llave de agua.

Para el momento en que su vástago levantó el cuerpo, era evidente que ya no presentaba señales de vida. Al joven no le quedó más que redescubrir el llanto y terminarse el sotol del difunto, hasta quedar dormido.

Independientemente del dolor de cabeza, Israel despertó algo mejorado. Basándose en una interpretación parcial de sus sueños, el joven se convenció de que esta era la manera ideal de reconciliarse con su padre, cuando ya no lo estaba viendo, y se dispuso gustosamente a hacer los preparativos para el funeral.

Mientras tomaba prestado lo necesario para algunos trámites, Israel llevó su reflexión un paso adelante y supuso que, ya que él iba a hacer las paces con su progenitor después de la muerte, lo más probable es que este no podría regresar a retribuírselo en el mundo de los vivos. Pero afortunadamente Israel estaba ahí para arreglar eso: él podría hacerse pasar por el difunto para modificar el testamento como él mismo lo habría querido. El hijo, agradecido, arrastró a su padre a la cama; después dedicó todo el día a encontrar la manera de asemejarlo, mientras recitaba en la voz de quien lo trajo a la vida el nuevo plan.

Dejando todo tipo de pistas en el camino, y escondiendo los restos de su progenitor de una forma cada vez más eficiente, Israel se las fue arreglando para llevar la vida de Alfredo de una manera decente, cobrando su pensión y pidiendo prestado. Pese a la justificada paranoia de su descendiente, la verdad fue que en el pueblo se comenzó a hablar de Alfredo mejor que cuando este estuvo en vida: la edad lo había agraciado con cierto sentido del humor, y su soltería le devolvió un aire de juventud del que las muchachas del pueblo no tardaron en hablar…

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