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Una dosis de melancolía

Descripción  

 

Una dosis de melancolía

Javier Zúñiga

Quinto número de la colección La nave insólita.

En Una dosis de melancolía asistimos a un constante descubrimiento, a una indefinición saludable. Cuando creemos enfilar a la resolución del misterio o al resultado de la peripecia, Javier Zúñiga cierra la puerta del cuento para mostrarnos que la literatura es un pestañeo, un trozo de realidad para releer una y otra vez.

Alejandro Badillo

Muestra de cuentos de Una dosis de melancolía

Reencarnación 

Mientras los minutos fluían sin más regaños, de pronto Don Rodolfo, el Santo, se levantó de su sillón y con una mano apretó el pecho, igual que hacía en las películas cuando le daban una cachetada al bíceps, y con la otra mano, derechito, sin que nadie lo desviara me señaló y se quedó mirando mis ojos. Sentí una extraña vibra que me erizó el cuerpo, como cuando le declara la guerra a Ruvinskis, en La Invasión de los Marcianos. Luego se dejó caer ya todo desbaratado, como si se hubieran roto los hilos que lo sostenían….

Reencarnar es muy complicado. Aunque la abuela me insista en que una pequeña dolencia no es justificación para escapar del destino. Ya no le daré el gusto. Ella tiene tantos ídolos, que mañana que salga del hospital no estoy tan seguro de qué alma habitará mi alma.

Vámonos

Pero Ángel es distinto. No preguntó nada. No tuvo prejuicios de nada. Sólo llegó con una bebida en la mano, directo a mi mano, sin decir qué quieres, cómo te llamas, te gusta esto o lo otro. Nada más fue, directo al centro, como si estuviera tirando flechas al círculo pequeño del tablero. Sólo dijo: soy Ángel, vámonos. Dije que no, juro que dije que no. Muchas veces. Él no escuchó, sólo volvió a decir, vámonos. Carajo, me empezó a bailar en la cabeza José Alfredo Jiménez, con su vámonos, “donde nadie nos juzgue, donde nadie nos diga, que hacemos mal”. Me monté historias, lo acepto, pero era inevitable. Juro que dije que no, quizá ya muy suave, quizá ni yo misma me escuché, pero lo dije cuando íbamos camino a la salida, cuando el tipo estaba pagando con una tarjeta dorada la cuenta y me tenía sujeta de una mano…

Estorbo

Desde que lo bajaron de la ambulancia, sabía que estaba hecho una mierda. No por la pierna rota. Ni por la fractura que había roto la piel, ni por la sangre que se había detenido, a la expectativa. Ni siquiera por el fragmento de hueso que los paramédicos entregaron en mi mano. Su mirada estaba peor que su pierna. Lo más infame de todo. Otros, en condiciones semejantes, trataban de arrancar las mangueras, voltearse de la camilla, escapar de sí mismos. Él no. Lo cual hacia inútil mi presencia. Un fastidio de trabajo el mío: impedir que la voluntad de los enfermos se imponga. Pero cuando su voluntad es estar quietos, no existo, soy un mueble más, otra bomba, una jeringa, otra venda por si acaso. Un estorbo cuando más…

Detalles  

  • Título

    Una dosis de melancolía

  • Autor

    Javier Zúñiga

  • Colección

    La nave insólita

  • Lugar y fecha de edición

    Ciudad de México, 2018

  • Edición y diseño

    © Anaïs Blues y Luis Flores Ramos

  • Diseño de colección

    Víctor Mendoza

  • Formato

    Medidas: 13.5 x 17cm.
    Encuadernación artesanal en rústica, portada impresa en serigrafía a una tinta

  • Tiraje

    300 ejemplares

  • Páginas

    76 pp.

  • ISBN

    978-607-97721-8-5

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