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margarite duras

El amante, “no tiene centro, ni camino, ni línea”

EL COMIENZO…

-¿Qué quieres?

La niña no contesta. Tal vez no comprenda.

El chino no hace la pregunta, dice:

-El amor, nunca lo has hecho.

La niña no contesta. Intenta contestar. No sabe constestar a eso. El hace un movimiento hacia ella. Por su silencio él nota que ella tendría algo que decir. Algo que ella todavía no sabría decir y de lo que sin duda ella no conoce sino lo prohibido. El dice:

-Te pido perdón…

Miran hacia fuera…

Atraviesan la inmensidad sin hablar.

Hiroshima-mon-amour

LO INEVITABLE…

Es la garconnière.

Es de noche.

El chino ha vuelto de Sadec.

La niña está acostada, no duerme.

Se miran sin hablarse. El chino se sienta en el sillón, no va hacia la niña. Dice: He bebido shum, estoy borracho.

Llora.

Ella se levanta, va hacia él, le desnuda, lo arrastra hasta el estanque. Él se deja. Ella le ducha con el agua de lluvia. Le acaricia, le besa, le habla. El llora con los ojos cerrados, sólo.

En la calle el cielo se ilumina, la noche ya deriva hacia el día. En la habitación, está todavía muy oscuro.

Él dice:

-Antes de ti no sabía nada del sufrimiento… Creía que sabía pero nada.

Repite: Nada.

Ella enjuga ligeramente su cuerpo con la toalla. Dice bajito, para sí misma:

-Así tendrás menos calor… Lo bueno sería no secarte en absoluto…

Él llora muy suavemente sin quererlo. Entretanto insulta a la niña con mucho amor.

-Una pequeña blanca de cuatro cuartos encontrada por la calle… Esto es lo que es… Debería de haber desconfiado.

Él calla y luego la mira y vuelve a empezar:

-Una putita, menos que nada…

Ella se gira para reír. Él la ve y ríe también con ella.

Ella le enjabona. Le ducha. Él se deja. Los papeles se han invertido.

A ella le gusta hacer eso. Así, ella le protege. Le lleva hacia la cama, él no sabe nada, no dice nada, hace lo que quiere ella. Eso le gusta a ella. Le acuesta a su lado. Se desliza debajo de su cuerpo, se cubre con su cuerpo. Se queda allí, inmóvil, feliz. Él dice:

-Ya no puedo hacerte mía. Creía poder todavía. Ya no puedo.

Luego se adormece. Luego vuelve a hablar. Dice:

-Estoy muerto. Estoy desesperado. Tal vez nunca vuelva hacer el amor. Nunca más pueda.

Ella le mira muy cerca. Lo desea muy fuerte. Sonríe:

-¿Lo querías eso, no hacer ya el amor?

-En este momento, sí querría… para guardar todo el amor por ti incluso después de que te vayas y para siempre.

Ella le coge la cara. La estrecha entre sus manos. Él llora. Esa cara tiembla a veces, los ojos se cierran y la boca se crispa. Él no la mira. Ella dice con dulzura:

-Me has olvidado.

-Es el dolor al que quiero. Ya no te quiero a ti. Es mi cuerpo, ya no quiere saber de la que se va.

-Sí. Cuando hablas, lo entiendo todo.

Él abre los ojos. Mira el rostro de la niña. Luego mira su cuerpo. Dice:

-No tienes siquiera pechos…

Coge la mano de la niña y la deja encima del sexo de ella.

-Háztelo tú. Para mí. Para yo ver tu pensamiento.

Ella lo hace. Se miran mientras lo hace. Él la llama pequeña mía, niña mía, luego en un flujo de palabras dice cosas en chino, de ira y de desesperación.

Ella le llama. Ha apoyado su boca en la suya y le llama: Especie de chinito de cuatro cuartos, pequeño criminal…

Se separan el uno del otro. Se miran. Él dice:

-Es verdad, a veces tengo incluso ganas de matar a mi padre.

Dice también:

-Nada más ocurrirá en mi vida sino este amor por ti.

El amante de la china del Norte

Amante, Ahava, Ayun, etimologías del amor que se hacen presentes en la historia de una escritora que no cesa de recordar, de jugar con el tiempo, de recobrar aunque sea con diálogos infímos los lazos de un primer amor que se revuelve en la memoria. Si “el deseo” se hiciera habitable nos otorgaría acariciar con nuestros oídos una escena que se hace constante en “El amante de la China del Norte”, aquí Duras vuelve a tomar por los cuernos esa historia autobiográfica donde la voz de la narradora se desdobla, se regodea en el silencio, en el sufrimiento de una verdad compartida, de un goce de cuatro cuartos…: “Y luego se callan. Y luego se miran”.

Telegrafía de suspiros, de ansiedades que trasladan al lector en un torbellino de olvidos, gestos que se van perdiendo en la borda de dos barcos. Uno es el que inicia la historia, otro será el que lo terminé. “La música había invadido el trasatlántico parado, el mar, la niña, tanto el chico vivo que tocaba el piano como al que se mantenía con los ojos cerrados, inmóvil, suspendido en las aguas pesadas de las zonas profundas del mar…

La niña se ha costado en el suelo debajo de una mesa contra el muro. El que tocaba el piano no la había oído, ni visto. Tocaba sin partitura, de memoria, en el salón apagado, ese vals popular y desesperado de la calle.”

Anais B.

El amante de la china del norte 01

11 febrero, 2014 0 comentario
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por Xavier Villaurrutia (fragmentos)

“El agente secreto es una obra característica de Conrad, a pesar de no desarrollarse en el mar. Tiene las virtudes más profundas de sus novelas: “La atmósfera moral y emocional de un lugar y de un tiempo dados”. El lugar es ahora un barrio de Londres. La acción se desarrolla en un momento en que unos terroristas pretende, por medios de sabotaje, emplazar la atención de los ingleses en la vida misma de Londres y no en los peligros que puedan venirles de fuera, del extranjero. Una familia mediocre, una sencilla célula social, compuesta por un matrimonio sin hijos, es el centro en torno al que gira el drama. El marido es un espíritu vulgar sin llegar a ser repugnante. Está enamorado a su modo, inerte y pasivo, de su esposa, mucho más joven que él. Vive con ellos el hermanito de su esposa, por quien siente una gran debilidad afectiva. La ambición del dinero obliga al marido a ponerse al servicio de los terroristas, a servirles de medio para sus actos de sabotaje(…)

Sabotaje (1942)
Sabotaje (la película basada en El agente secreto) dirigida con maestría por A. Hitchcook, conserva de las obras de Joseph Conrad la fuerza incontenible de un destino que se abate sobre los individuos como una masa brutal. No hay tiempo, no hay modo de eludir estas fuerzas conjugadas que acaban por anular al hombre.”

http://www.youtube.com/watch?v=9LVWF8qrPaY

“La vida de Joseph Conrad es tan novelesca como una novela de Joseph Conrad. Un joven de diecisiete años pide alistarse, un día del año de 1874, como grumete en un velero que está a punto de hacerse a la mar. Tiene retratada en sus ojos, una ansiedad que nada ni nadie podrá borrar; está obedeciendo a la invitación al viaje, al canto que las sirenas murmuran en sus oídos; quiere viajar a toda costa y a cualquier costa. Más vale-parece pensar- ser IMPRUDENTE VIAJERO que prudente sedentario. El joven se llama extrañamente: Fedor Josef Konrad Korceniowski.
Es huérfano de unos desterrados políticos y anda, sobra decirlo, fugitivo. Pero no es el temor lo que lo impulsa al viaje, sino la aventura, la curiosidad.
Sus novelas serán … angustiosas, tremendas, tendrán mucho del profundo análisis psicológico que emparenta las novelas del polaco inglés con las del atormentado Dostoyewski. Todo el mundo palpita angustiosamente en ellas.
En El agente secreto se producen emociones intensas, cuyas escenas últimas traerán al lector con el filo “de una angustia que se prolongará y se prolongará terriblemente, hasta desencadenar una liberación del espíritu, como en las grandes tragedias.”

El agente secreto

8 febrero, 2014 0 comentario
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