Autor

Anais Blues

DESDE LAS NUEVE DE LA NOCHE

Doce y media de la noche. El tiempo ha huído, 

desde que a las nueve encendí mi lámpara

y me instalé aquí. 

Me quedé sin leer, sin hablar. 

¿Con quién hablar, solo, en esta casa?

Desde que, a las nueve reavivé mi lámpara, 

la imagen de mi cuerpo joven apareció a mis ojos, 

y la imagen de estancias tibias, perfumadas, 

y de voluptuosidades pasadas.

¡Qué audaces voluptuosidades!

Y volvía a ver calles que ahora han cambiado del todo, 

locales llenos de animación que han dejado de existir, 

teatros y cafés muertos. 

La imagen de mi joven cuerpo apareció

y me trajo también penosos recuerdos; 

duelos de familia, separaciones, sentimientos de los míos, 

voluntades de los muertos, a quienes se hace tan poco caso. 

Doce y media de la noche ¡Cómo huyó el tiempo!

Doce y media de la noche ¡Cómo pasan los años!

Kislings Atelier, 1933. Andrew Kerstesz

 

Constantino P. Cavafis

21 julio, 2015 0 comentario
0 Facebook Twitter Google + Pinterest
CON ESTA BOCA, EN ESTE MUNDO…

No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,

aunque me tiña las encías de color azul,

aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,

aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas

y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.

Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,

ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,

y no hay sombra que guíe mi vuelo en el umbral,

ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta dura nieve

donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento.

Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.

Hemos hablado demasiado del silencio,

lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,

como si en él yaciera el esplendor después de la caída,

el triunfo del vocablo con la lengua cortada.

¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!

He dicho ya lo amado y lo perdido,

trabé con cada sílaba los bienes que más temí perder.

A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,

retumban, se propagan como el trueno

unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.

Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.

Hemos ganado. Hemos perdido, porque ¿cómo nombrar con esa boca,

cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?

Olga Orozco

Pájaro de noche – Janet Cumbrae Steward

1 julio, 2015 0 comentario
0 Facebook Twitter Google + Pinterest